Ha hecho gala de su inigualable talento en la mejor selección nacional del mundo y en algunos de los mejores clubes del planeta, además de ejercer como embajador para la paz de la Naciones Unidas. A sus 31 años, Ronaldo Luís Nazário de Lima se ha convertido en una de las personas más famosas de todo el mundo. Su talento, dedicación y carisma han hecho que su rostro sea uno de los más reconocidos de todo el planeta. A lo largo de los últimos 13 años, Ronaldo se ha alzado como un símbolo y una estrella de la selección nacional de Brasil, y ha forjado una carrera plagada de éxitos basada no solamente en su talento, sino también en su determinación y en su afán por llegar a lo más alto.
Ronaldo nació el 22 de septiembre de 1976 en el seno de una familia humilde de la barriada de Bento Ribeiro, en Río de Janeiro. El menor de tres hermanos, Dadado, nombre con el que se le conocía durante su niñez, no tardó en mostrar algunos de los indicios del enorme talento que, en 1996 y tras cumplir 20 años, le llevaría a ser proclamado oficialmente como el mejor jugador del mundo, galardón que volvería a recibir en 1997 y en 2002.
Ronaldo empezó jugando al fútbol sala con el Valqueire y más tarde con el Social Ramos, dos clubes de las barriadas de Río. Al cabo de poco tiempo dio el salto al fútbol de campo con el modesto São Cristóvão. A pesar de ser lo suficientemente joven para ser convocado para su equipo sub17, en 1993 uno de los clubes más importantes de Brasil, el Cruzeiro de Belo Horizonte, se fijó en él y no tardó en ficharlo.
El chico maravillas inició su carrera profesional de forma precoz y muy pronto empezó a demostrar todo su potencial. A pesar de tener sólo 16 años, marcó 12 goles en 14 partidos en su primera campaña en el campeonato brasileño. El año siguiente marcó 23 goles en el Campeonato Mineiro, se proclamó máximo goleador y contribuyó a que el Cruzeiro se alzase con el título de campeón. En reconocimiento a su magnífico rendimiento, fue convocado con la selección de Brasil que iba a participar en el Mundial de EE.UU. en 1994. Igual que Pelé, viajó por primera vez a la fase final del Mundial a la tierna edad de 17 años, e igual que Pelé volvió con el trofeo en sus manos.
Después de USA 94, la estrella emergente de Brasil dio el salto al club holandés del PSV Eindhoven, equipo en el que su presencia se hizo notar de inmediato, hasta llevarlo a la consecución de la Copa de Holanda en 1995. El jugador brasileño se convirtió en el máximo goleador de la Eredivisie, y sus actuaciones eran tan prolíficas que su mera presencia sobre el terreno de juego ya era suficiente para causar el pánico entre los defensas del equipo rival.
Fue en esta época que la presencia de Ronaldo en la alineación inicial de la selección de Brasil se convirtió en indiscutible, tras cosechar buenas actuaciones en la Copa Umbro de 1995. En las dos temporadas que pasó en Holanda, consiguió la friolera de 66 goles en 71 partidos. Estas cifras no pasaron desapercibidas, y en verano de 1996 fue fichado por el Barcelona. Tuvo una temporada inolvidable con el conjunto catalán, con 48 tantos en 51 encuentros en todas las competiciones, incluidos 34 goles en 37 partidos de liga. Fue durante esta primera etapa en España que Ronaldo inventó su famosa celebración en la que hace el avión y que se ha convertido en una de sus marcas de identidad.
En la temporada que pasó en el Barça, Ronaldo ganó la Supercopa de España, la Copa del Rey y la Recopa de Europa. Su estilo explosivo, basado en su velocidad y en sus regates imparables, maravilló al fútbol español. También le salieron muchos admiradores fuera de España, y en 1997 volvió a hacer las maletas, esta vez para fichar por uno de los grandes equipos italianos, el Inter de Milán. Su fichaje generó tanta expectación que cerca de 60.000 espectadores acudieron al estadio de San Siro para ver su debut, en un partido amistoso contra el Manchester United.
A pesar de enfrentarse al férreo marcaje y a la táctica defensiva del “catenaccio”, elementos característicos del fútbol italiano, Ronaldo muy pronto volvió a reencontrarse con el gol. Gracias a su talento de cara a la portería, no tardó en ganarse el más que adecuado sobrenombre de “el Fenômeno”.
Ronaldo marcó 49 tantos en 68 partidos disputados con la camiseta del Inter y ayudó al equipo a conquistar la Copa de la UEFA en 1998. Durante la temporada 1997/98, marcó un nuevo hito para los delanteros italianos, ya que terminó la campaña con la mejor media goleadora de la historia de la Serie A.
Fue precisamente durante esta primera etapa en Italia que Ronaldo tuvo que hacer frente a un serio revés en su carrera; en 1999 sufrió una grave lesión en la rodilla, que se agravó en 2000 y que le mantuvo alejado de los terrenos de juego durante casi dos años. Tuvo que pasar por el quirófano en dos ocasiones y someterse a duros procesos de recuperación.
Sin embargo, cuando por fin se recuperó, el Fenômeno volvió mejor que nunca y dejó boquiabiertos a los amantes del fútbol de todo el mundo en el Mundial del 2002. El delantero fue la pieza clave de la selección brasileña en Corea/Japón y, con ocho goles, acabó el torneo como máximo goleador. Por fin, la tragedia vivida en la edición de 1998, en la que Brasil cayó derrotado ante la selección anfitriona de Francia, pasó a la historia; en su lugar, el equipo volvió a saborear las mieles de la victoria, después de que Ronaldo marcase los dos goles de la victoria por 2-0 contra Alemania en la final, en el que fue un nuevo capítulo épico en la historia de la competición.
Poco después de que acabase el torneo, Ronaldo volvió a España, aunque esta vez para fichar por el Real Madrid. Antes de que acabase el año, el equipo merengue logró la Copa Intercontinental y el astro brasileño pudo añadir un título más a su colección personal, y al final de su primera temporada en el Bernabéu también alzó el título de liga.
En 2006 Ronaldo participó en el que fue su cuarto Mundial consecutivo con Brasil consciente de que sólo le faltaban dos goles para igualar el récord de goles del torneo, en manos de Gerd Muller con 14 tantos. Ronaldo igualó la marca de “Der Bomber” gracias a los dos goles que marcó en la victoria de Brasil por 4-1 contra Japón en la fase de grupos. En su próximo partido, contra Ghana, añadió un gol más a su cuenta particular, hasta un total de 15, con lo que se convirtió en el goleador más prolífico de la historia del Mundial.
En 2007, Ronaldo volvió a Italia, en esta ocasión para militar en el AC Milan, con la esperanza de repetir los éxitos que le hicieron merecedor del sobrenombre de “el Fenómeno”.
Ronaldo no es solamente una gran estrella del deporte. Ha aprovechado su popularidad para participar en numerosas iniciativas de promoción de la paz mundial, y actualmente ejerce de embajador para las Naciones Unidas, motivo por el cual ha visitado diversos países afectados por conflictos bélicos. En el año 2000 viajó a Kosovo, donde su presencia fue muy bien recibida y se consideró como un elemento positivo para favorecer el fin de las hostilidades. En 2005 visitó Israel y Palestina como emisario de paz para ayudar a fomentar la unidad entre dos pueblos profundamente divididos tras décadas de conflicto.